Opinión: Elecciones argentinas, llamado de alerta: Cambio inminente? Confianza en el Pueblo de Argentina?

El derechista Mauricio Macri, del Partido Cambiemos, es el nuevo presidente de Argentina, luego de vencer por estrecho margen al candidato del oficialista Frente para la Victoria, Daniel Scioli, en un resultado que debe preocupar a las fuerzas progresistas latinoamericanas, logrado en un ambiente totalmente democrático, estable, tranquilo y respetuoso, tal como lo preconizó la saliente mandataria, Cristina Fernández.

Los medios masivos controlados casi en su totalidad por la derecha habían vaticinado un margen muy amplio para su candidato, reducido al final del conteo adverso para Scioli a un 4%.

Pienso que el desgaste natural de más de 12 años del justicialismo, la división en las filas peronistas y una enorme campaña muy bien dirigida por quienes se encargaron de patrocinar a Macri coadyuvaron a la victoria de este, quien no tendrá el camino fácil a sus pretensiones neoliberales, debido a que tendrá enfrente a un Congreso adverso y una nutrida oposición que tratará de impedir políticas que destruyan los avances sociales del kirchnerismo.


Analizando la dolorosa derrota de las fuerzas progresistas, no recuerdo otro antecedente de unidad tan estrecha de la derecha neoliberal para tratar de hacer triunfar a su candidato, quien desde el principio contó con el papel “organizador” de medios masivos de comunicación que llevaron el odio a Cristina Fernández a un nivel escandaloso, escudándose en un falso periodismo independiente.

Es decir, queda demostrado una vez más que no puede haber estado democrático, o una democracia genuina, si el espacio público, del cual los medios son su “sistema nervioso”, no está democratizado. Son los medios quienes “formatean” la opinión política, imponen su agenda de prioridades y, en algunos casos –no siempre- hasta fabrican a los líderes políticos, como el caso de Macri.

Este poder tiene en Argentina al multimedia Clarín como el principal sistema hegemónico que se articula en la esfera pública con los grandes intereses empresariales y el imperialismo, por lo que puede manipular sin mayores contrapesos la conciencia de los televidentes y el público en general; instalar agendas políticas y candidaturas e inducir comportamientos políticos de signo conservador o reaccionario, todo lo cual desnaturaliza el proceso democrático.

Cuando el virus neoliberal ha destruido a los partidos políticos y los reemplazó por efímeras coaliciones, los políticos pasan del oficialismo a la oposición sin mayores escrúpulos, como ha ocurrido en Argentina, mientras los medios hegemónicos se convierten en los organizadores de la oposición de derecha ante los procesos transformadores en curso en la región.

Pero para llegar a tener este poder mediático, Macri contó antes con el apoyo de los grupos que controlan la Asociación Empresaria Argentina y los sectores más concentrados del capital extranjero, las capas medias más conservadoras urbanas y rurales, sectores retrógrados de la Iglesia Católica, la desprestigiada y corrupta burocracia sindical y, fuera de Argentina, con el respaldo político, diplomático y financiero de personajes tan siniestros como el ex presidente colombiano Álvaro Uribe y el ex presidente español y heredero del franquismo José María Aznar.

Los partidos y movimientos populares latinoamericanos y caribeños siempre temieron una victoria de Macri, ya que puede cerrar el círculo que trata de atenazar a los gobiernos progresistas y de izquierda de la región, y que se endurezca la represión en países dominados por gobiernos neoliberales, como los del Pacto del Pacífico: Chile, Perú, Colombia y México. Precisamente, los presidentes de estos dos últimos países fueron los primeros en felicitar a Macri.

Así se había intentado antes en Brasil, en los comicios del 2014, donde, a pesar de un esfuerzo similar, la reacción no pudo evitar ser derrotada por Dilma Rousseff y el Partido de los Trabajadores.

Por ello se hacía imprescindible que se venciera a Macri con el único instrumento político disponible, Scioli, con una amplia participación electoral y evitar la abstención o un voto en blanco, que facilitaría el proyecto del imperialismo para Argentina y América Latina.

Ahora solo resta la unidad de las fuerzas progresistas argentinas y latinoamericanas, y el estar alerta ante un retroceso que haga peligrar el proceso de integración, todo un manjar para el Imperio.

Yo confío en las clases más pobres, en los estudiantes, y en el Pueblo de Argentina!!

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