La sordera crónica del delegado de Estados Unidos.

Hay cosas en la vida que no ameritan reaccionar, como las palabras sin sentido y desfasadas en el tiempo, pronunciadas este 28 de octubre por el delegado estadounidense ante la Asamblea General de Naciones Unidas, para tratar de justificar lo injustificable: el ilegítimo, ilegal, inhumano, obsoleto, fracasado y aislado bloqueo económico, comercial y financiero del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

No por repetitiva, la explicación de voto del delegado de Estados Unidos, Ronald Godard, dejó de asombrar, sino por su contenido descontextualizado, arcaico, manido y engañoso. Es evidente que se trató de un discurso anclado en el pasado y precocinado, al que solo le cambiaron el orden de los párrafos y que repitió argumentos de años anteriores, incluso algunos de la época del presidente George W. Bush, a quien este di­plomático también tuvo que representar en este desgastado ejercicio.

Hay que tener paciencia para escuchar al Señor Godard decir que la política de Estados Unidos hacia Cuba consiste en “defender el derecho del pueblo cubano a decidir libremente su destino”. Si así fuera, no estaríamos enfrentando, 55 años después, una guerra económica despiadada que no tiene otro propósito que el de castigar y tratar de doblegar a la nación cubana por haber decidido soberanamente su destino, ni tampoco planes subversivos financiados desde el exterior para provocar un “cambio de régimen” en nuestro país.

Es inconcebible, además, que este diplomático quiera contabilizar como ayuda proveniente de Estados Unidos a Cuba las remesas que cubanos residentes en ese país envían a sus familiares y que intente vender esta idea al pueblo cubano y a los representantes de la comunidad internacional allí presentes. Es harto conocido que debido al bloqueo, toda asistencia oficial de Estados Unidos a Cuba está prohibida.

Como si no fuera suficiente, el Señor Godard vuelve a repetir la falacia, dicha antes por otros representantes del Gobierno de Estados Unidos, de que el gobierno cubano es el responsable de la baja penetración de Internet en el país, cuando es un he­cho que Cuba no puede conectarse a las decenas de cables submarinos de fibra óptica que circundan la Isla, lo cual obliga al país a buscar alternativas más costosas para incrementar su conectividad, y que el bloqueo también prohíbe la adquisición de licencias de productos de software y niega el acceso de entidades y ciudadanos cubanos a servicios en Internet, incluyendo sitios de información y herramientas técnicas.

Es indiscutible que el Señor Godard no escuchó a los 23 delegados que le precedieron en el uso de la palabra durante la sesión de la Asamblea General de la ONU que discutió y aprobó, abrumadoramente, la resolución cubana contra el bloqueo. Todas estas intervenciones, algunas de ellas a nombre de organizaciones regionales e internacionales que agrupan a más de cien países del mundo, como el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 77 más China, tuvieron como de­­nominador común un fuerte cuestionamiento a la guerra económica contra Cuba y el reclamo de su eliminación.

El delegado de Estados Unidos tampoco ha prestado atención a las declaraciones de su presidente Barack Obama y de su secretario de Estado John Kerry, quienes han reconocido el carácter obsoleto de la política hacia Cuba, ni a los pronunciamientos de decenas de personalidades de los más diversos sectores y tendencias políticas de la sociedad estadounidense, que admiten que el bloqueo ha fracasado en sus propósitos y que no responde a los intereses nacionales en las circunstancias actuales.

Tal parece que el Señor Godard no lee los periódicos de su país que editorializan reiteradamente a favor del cambio de la política de Estados Unidos hacia Cuba, ni se ha enterado de los resultados de recientes encuestas de opinión, que reflejan que una mayoría de los ciudadanos estadounidenses y cubanos residentes en ese país apoyan el levantamiento del bloqueo y la normalización de las relaciones bilaterales.

La réplica a tanta necedad y omisión la dio la propia Asam­blea General de las Naciones Unidas con su voto aplastante y sus aplausos de reconocimiento a la resistencia del pueblo cu­bano frente a 55 años de injusticia y crueldad, la cual fue brillante y firmemente expresada por la representante permanente de Nicaragua, la embajadora y vicecanciller María Ru­biales, cuando dijo: “Hemos escuchado una vez más al mismo delegado de Estados Unidos argumentar las mismas inconsistencias y falacias de cada año para justificar su política criminal de bloqueo… Una vez más, intentan confundir a esta Asam­blea General con sus argumentos trillados que no convencen a nadie, un reflejo de sus políticas empecinadas y obsoletas, de su egoísmo, de su arrogancia imperial y excepcionalismo”.

La respuesta al representante de Estados Unidos también la dará la opinión pública y la prensa de su propio país, que ya ha comenzado a hacerse eco de lo ocurrido ayer en las Naciones Unidas, con titulares como los siguientes: “Sobre el embargo a Cuba, EE.UU. e Israel contra el mundo, otra vez”; “La Asam­blea General de la ONU condena el embargo de EE.UU. contra Cuba por 23 ocasión consecutiva”; “La ONU pide el fin del em­bargo a Cuba mientras crece el debate en EE.UU.”; y “Canciller cubano: No hay hostilidad con EE.UU.”.

Las palabras del Señor Godard contrastan significativamente con el discurso profundo y reflexivo pronunciado por el mi­nistro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla, quien hizo un llamado al Gobierno de Estados Unidos a solucionar los problemas a través del diálogo respetuoso y la cooperación, y a relacionarse con Cuba civilizadamente a pesar de nuestras diferencias, y enfatizó que el levantamiento del bloqueo sería bienvenido por todo el mundo e influiría a favor de la paz y la solución de los conflictos.

Al respecto, es oportuno recordar la Reflexión del Co­man­dante en Jefe Fidel Castro “La hora del deber”, publicada el 18 de octubre pasado, en la cual afirmó: “Gustosamente cooperaremos con el personal norteamericano en esa tarea [el enfrentamiento del ébola], y no en búsqueda de la paz entre los dos Estados que han sido adversarios durante tantos años sino, en cualquier caso, por la Paz del mundo, un objetivo que puede y debe intentarse”.

Señor Godard, escuche a su pueblo, escuche al mundo.

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