Ernest Hemingway y la brecha en el muro de la intolerancia

A 11 años de la firma del convenio para la preservación de bienes y documentos de Ernest Hemingway, los protagonistas cubanos y norteamericanos se reunieron otra vez para renovar la rúbrica del acuerdo…
Cuentan que en 1961, cuando la tensión entre Cuba y Estados Unidos llegaba casi al límite, lo único en que el malogrado presidente norteamericano John F. Kennedy y Fidel estuvieron de acuerdo sin pensarlo dos veces, fue en permitir que Mary Welsh, la cuarta esposa de Ernest Hemingway, regresara a Cuba a por las pertenencias del recientemente fallecido autor de El viejo y el mar, quien viviera por más de 20 años en Finca Vigía, una paradisíaca villa de la localidad habanera de San Francisco de Paula.
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Sin imaginarlo, el querido “Papa” de los cubanos sería otra vez, a más de 40 años de distancia, una brecha en ese muro de la intolerancia que han encontrado desde hace medio siglo quienes intentan un acercamiento entre los dos pueblos.

En 2001, un grupo de atrevidos entusiastas del mito hemingwayano llegó hasta… la oficina de la entonces presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, la doctora Marta Arjona; para proponer lo que fue el origen de un proyecto –materializado un año después- que apoyaría desde territorio norteamericano la preservación de los miles de documentos y otros bienes pertenecientes al legado cubano del novelista.

A 11 años de aquella histórica firma, sus protagonistas cubanos y norteamericanos se reunieron otra vez para renovar la rúbrica del acuerdo y recordar los orígenes de esta difícil y trabajosa empresa, que sin saberlo sería un parteaguas en las relaciones entre los dos países y una muestra de que mucho se puede hacer si hay voluntad y perseverancia.

Nos parecía un empeño casi imposible en aquella época. Es necesario recordar que hasta ese momento sólo existía entre Cuba y EE.UU. un acuerdo migratorio, nada más, contó a Cubahora Gladys Rodríguez Ferrero, ex directora del Museo Ernest Hemingway de Finca Vigía y una de las gestoras del convenio desde sus inicios.

“Veníamos de naciones con gobiernos en desacuerdo, pero pronto nos dimos cuenta que hablábamos el mismo idioma aunque en diferentes lenguas. Todos entendíamos el compromiso que teníamos con el legado cubano de Hemingway y su preservación para las futuras generaciones.”

Fueron agotadoras sesiones de trabajo para poner a punto los detalles de la colaboración y numerosas visitas de especialistas norteamericanos a la Finca, continúa Gladys, quien recuerda casi desde el primer momento a quien después sería figura clave en la materialización de este sueño: el congresista norteamericano James McGovern.

McGovern, responsable de obtener la autorización gubernamental necesaria para darle luz verde al establecimiento del convenio, declaró a los medios cubanos sentirse orgulloso de formar parte de este esfuerzo común.

“No hay razón para que Estados Unidos y Cuba no tengan relaciones normales. Si podemos unirnos para restaurar una casa y para asegurar la integridad de un patrimonio tan valioso como el de Hemingway, entonces no hay límites para lo que pueda hacerse en materia de colaboración.”

“Hemingway trasciende la política. Le agradezco infinitamente a los cubanos el cariño con que realizan este trabajo arduo de recuperación de su memoria, porque este es un proyecto cubano al que es un honor apoyar.”

Para Jenny Phillips, la figura de Ernest Hemingway tiene particular significación. Su abuelo, Maxwell Perkins, fue uno de los mejores amigos del mítico escritor y también editó la mayoría de sus libros. Por eso, la creación de Finca Vigía Foundation fue para ella casi una necesidad, “un pretexto para hacerme útil en este lugar”.

Esta organización sin fines de lucro ha posibilitado la aportación de tecnología y la asesoría de especialistas en conservación y restauración, paisajistas, arquitectos e ingenieros para la asistencia a los técnicos de la institución habanera.

 “He estado aquí muchas veces por causa del proyecto. La primera vez que vine a visitar Finca Vigía fue en el 2001 y no sabía mucho sobre la vida de Hemingway y no estaba tan interesada en la vida de mi abuelo en ese momento, pero después que vine aquí se me despertó la curiosidad y pude leer más, por lo que realmente comencé a frustrarme por la relación entre los dos países, con la política norteamericana y pensé que si podría ayudar con la restauración del hogar de Hemingway, pues podría contribuir a fortalecer ese lazo. Era lo correcto.”

Este refugio cubano, hogar de “Papa”, de sus gatos y perros, donde escribió obras inspiradas en la gente de Cuba – entre ellas El viejo y el mar, Pulitzer en 1953 y que le valió el Nobel al año siguiente- atesora una extensa y valiosa colección de objetos personales, que ayudan a hacerse una idea de quién era el hombre detrás de las letras, el rifle y el vaso de ron.
TRABAJO PARA TRES VIDAS

Aquí hay trabajo para tres vidas, bromeó con Cubahora Néstor Álvarez Gárciga, especialista al frente del equipo responsable de restaurar, preservar y digitalizar los miles de documentos piezas únicas pertenecientes a la papelería de Hemingway, donde se incluyen desde recibos de seguros, telegramas y correspondencia que sostenía con importantes figuras de las artes y la literatura de todo el mundo.

La renovación este martes 18 del convenio entre Finca Vigía Foundation y el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, en la persona de Jenny Phillips y Gladys Collazo, presidenta de este último, viene a asegurar una continuación en este trabajo, que entre sus resultados más sobresalientes incluye la restauración de la casa principal y sus accesorias, junto a la conservación y entrega de copias digitales de varios miles de misivas y documentos de esta colección, a la Biblioteca y Museo Presidencial John F. Kennedy, de Boston.

Unas 23 mil piezas conforman el patrimonio completo del Museo de la Finca, donde además se incluyen obras de arte, armas, trofeos de caza, mobiliario, equipos eléctricos y mecánicos (desde un radio hasta un aire acondicionado), ropa u objetos de decoración.

Es necesario preservarlo todo, para que las futuras generaciones conozcan quien fue ese extraordinario hombre, y de ese trabajo queda mucho por hacer, aseguró Jenny Phillips.

“Lo sentimos como un  nuevo comienzo, un redoblar de esfuerzos. Estoy segura que si mi abuelo pudiera ver lo que estamos haciendo, estaría muy complacido.”  

Tomado de Cubahora

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