Las grandes decisiones suelen consultarse con la almohada.

Por algún misterio designio divino, el hombre nació sin almohada. Lo ideal sería que, al acostarnos, la almohada se activara automáticamente. O que pudiéramos apretar un botoncito para que salga de alguno recoveco de nuestra cabeza. Pero no. En esto, la evolución anda a paso de tortuga. 

Los árabes no inventaron el sueño ni crearon la almohada, pero aportaron el nombre. Almohada es una de las cuatro mil palabras que el castellano tomó del Árabe durante la Edad Media.

Hay personas que lo primero que empacan cuando salen de paseo es la almohada, no el perro ni la comida. El poeta como Rubén Darío, afirmaba que si no se acostaba con la almohada de sus sueños, en vez de parir un soneto, salía un ladrillo. 

El hombre nació sin almohada pero pronto se dio cuenta de su importancia y se dedicó a producirla en serie teniendo algo tan bello como materia prima: el sueño. Llegará el día que nos pedirán datos como los siguientes para hacernos almohadas a nuestra imagen y semejanza: Tamaño del cuello, dimensión de la cabeza, extensión de los brazos, si se ronca o no, etc.

Un buen sueño no es posible sin una buena almohada. Las grandes decisiones suelen consultarse con ella. La almohada aconseja bien, no grita, no nos pasa la cuenta. En fin, dime que almohada usas y te diré lo que sueñas.

1473228Con información de Radio Enciclopedia

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