Una Cumbre del decoro humano

He pensado en múltiples palabras  para calificar la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Sin embargo, el título de este comentario es el que me ha parecido más abarcador y justo.

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Como uno más, he seguido paso a paso, el desarrollo de esta extraordinaria reunión que se efectuó recientemente en Cuba,  por eso deseo  reflexionar sobre algunos aspectos que me parecen importantes, teniendo en cuenta que esta Cumbre se ha convertido en una herramienta contra el pesimismo,  en una prueba fehaciente de que no necesitamos, ni queremos, tutelajes pues  podemos andar con paso propio como un canto a la vida y a la paz.

Lo que más ha quedado en mi memoria, como si fuera una fotografía, son frases tan elocuentes y grandiosas como: “la unidad dentro de la diversidad”, “América Latina y el Caribe, zona de paz”, “solución pacífica de controversias”, “desterrar el uso de la fuerza y la intervención en los asuntos internos de las naciones”, “respeto a la soberanía y el fomento a la amistad y la cooperación entre todos”.  

Tales ideas se convierten en una brisa bienhechora que alienta a seguir el camino justo y se acrecienta la fe en un mundo mejor. Pero, inevitablemente, estas bellas certidumbres de hoy nos llevan a las pesadumbres de ayer; porque todas ellas, en su conjunto, resultan algo así como la otra cara de la moneda,  la injusticia contra las ansias de libertad, y la dominación colonial contra los intereses más puros y nobles de los pueblos.

Esta zona libre e independiente, amante de la fraternidad humana, la justicia y la paz, no tiene necesidad alguna de pedir permiso, como antaño, al yanqui imperial amigo de la guerra, para tomar sus propias decisiones. Ya no tiene que soportar aquellos tenebrosos tiempos de un Batista, un Pinochet, un Trujillo, entre muchos otros, donde imperaba la ley del dólar, la tortura, los asesinatos y el entreguismo sin límite al amo del norte.

Esta II Cumbre ya se ha convertido, para gloria de todos, en  una reunión contra el pesimismo y la indiferencia; en un combate victorioso contra el conformismo y la quietud; en fin, en un ejemplo supremo de que SÍ podemos seguir adelante. ¿Se quiere objetivo más noble que lograr la paz y el desarrollo entre naciones hermanas?

Debe quedar claro que nos resta mucho camino por andar, lleno de dificultades y peligros, porque el enemigo no perdona nuestro atrevimiento de querer ser independientes y soberanos, y porque no se acostumbrará, jamás, a perder parte del terreno que ya había conquistado a fuerza de “tratados recíprocos” o de bombazos y sangre.

¡Cantemos a la victoria, pero vigilantes y desconfiados! Un canto sublime de paz, pero con el fusil en la mano para defender lo que con tanto sacrificio hemos logrado. Unos, los menos,  se acomodarán al yugo plácidamente, “…pero el hombre que al buey sin pena imita, buey torna a ser, y en apagado bruto, la escala universal de nuevo empieza”. Otros, los más, escogerán la estrella que ilumina y mata, como dijo, en ambos casos,  el maestro de todos, José Martí.

http://www.radiocubana.cu/index.php?option=com_content&view=article&id=4090:una-cumbre-del-decoro-humano&catid=27:la-opinion&Itemid=173&lang=es

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