Cuba cambia: ¿a su tiempo, al tiempo de todos? (#Cuba)

Cuba se transforma, y esa conversión tiene arraigos más allá de la letra y el verbo, más allá del número y la economía que ansía mejoras. El cambio es también de mentalidad, el cambio es también de tiempo.

colage cuba

Sobre las nuevas medidas, aperturas y flexibilizaciones que desde hace aproximadamente dos años vienen marcando, de modo paulatino, el escenario socioeconómico del país, existe una verdad esgrimida en sus esencias que, al mismo tiempo, se eleva también como consenso, como punto de análisis, como una suerte de encuentro y reencuentro para el debate y la relectura colectiva:Cuba Cambia.

Y no es que cambie desde el anquilosamiento y la costumbre de un modo de decir que a veces se nos hace retórico y aburrido, tecoso y repetitivo, en ocasiones hasta de modo injustificado. Cuba cambia, y cambia porque… ha buscado la operatividad del pensamiento en franco diálogo con la realidad, con las urgencias y proyecciones estratégicas de un entramado social sacudido por las herencias de años difíciles, imperativos casi de supervivencia y apuestas echadas a un lado para volverlas a reconquistar “cuando fuera posible”.
Pero cómo cambia esta Isla, con un proyecto de país que la hace cada vez más auténtica y atípica: ¿a su tiempo, al tiempo de otros, al tiempo soñado y querido, al tiempo que nosotros mismos hemos demandado, al tiempo de nuestras posibilidades? ¿De qué manera se transforman algunas de sus estructuras: desde la raíz, desde el tronco? ¿Con qué intensidad se vive cada paso? ¿Qué valor le atribuimos a esas aperturas que aportaron flexibilidad a lo que antes resultaban enconados nudos para la economía nacional?
En la última reunión del Consejo de Ministros, el General de Ejército Raúl Castro Ruz hizo valoraciones que pudieran esgrimirse como termómetro de estas circunstancias, complejas y definitorias aun. Y por igual rumbo las consideraciones del presidente cubano se refirieron de algún modo a esos que, bien desde fuera o desde dentro, se permean más del criterio acusador y tiránico que de la acción comprometida y explicable, atinada y apropiada, algo que habría que lograr en equilibrio y no en desbalances como algunos lo asumen: “continuamos avanzando y se notan los resultados. Nos movemos a un ritmo más rápido de lo que se imaginan quienes critican nuestra supuesta lentitud e ignoran las dificultades que enfrentamos”.
Desde luego, hablamos de resultados, algunos resultados, no de una consecución armónica y definitiva de problemas resueltos, como todos quisiéramos, como puede ser la intención y el anhelo más compartido entre cubanos legítimos, enfrascados en el mejoramiento, emprendedores desde su nicho de vida. Claro que  hay una expresa referencia también a desterrar pesimismos que enervan la propia capacidad del cambio, las ideas puestas a favor de la transformación, sin que merodeen valoraciones conservadoras que a veces no se exponen bien y le hacen el juego a posturas mal infundadas. Que vayamos escalando sin aceleraciones para que no haya luego reprochables retrocesos, no niega que marchemos a nuestro nivel.
El tiempo de la actualización del modelo económico cubano lo va poniendo el mismo tiempo, y la gente que lo van viviendo.
Como todo proceso que se alza sobre sí mismo, sobre sus propias fortalezas y a sabiendas de que no puede descuidar el diagnóstico de sus debilidades, como todo lo que varía y ha de ajustarse al contexto por su condición social; en Cuba se explica cómo va sucediendo cada cosa, por qué no pueden existir desasosiegos ni tampoco perezas, por qué andar “sin prisa y sin pausa”, por qué hay que hablar de términos cuantitativos, aunque no nos parezcan del todo visibles, por qué la cualidad se impone a la vez.
El cambio también pasa por eso: por asumir poco a poco, como parte de una cultura que nos toca a todos, nuestro entorno en una integralidad que trasciende la bodega, la estrechez del bolsillo personal y los platos de la cocina hogareña. Ah, eso sería lo mejor: que cada guarismo de estimación macroeconómica tuviera una traducción de impacto donde yo habito, donde yo pienso y por tanto existo. Pero hacia ahí se orientan los caminos. ¿Acaso la idea no es esa?
¿Quién pudiera negar que un crecimiento estimado del Producto Interno Bruto (PIB) del 2,3 %, superior en dos décimas al registrado en igual período del pasado año, con incrementos en casi todas las actividades, no resulta al menos un soplo de aliento que, si bien quizás no implica todavía una expresión concreta en el escenario micro de nuestras necesidades y demandas cotidianas, revela de algún modo un esperanzador camino, que no significa perfecto?
Tales destaques no proscriben lo mucho que falta por hacer o la importancia de continuar incentivando de  modo coherente la producción material en busca de nuestra propia sustentabilidad. Por encima de todo constituyen un punto de partida para la evaluación, el debate, la búsqueda de salidas más coherentes, incluso en sectores como el comercio, el transporte, las comunicaciones y la industria manufacturera, en los cuales se concentran los mejores resultados, de acuerdo con lo compartido en el referido Consejo de Ministros.
Es obvio, por asistir solo a un ejemplo, que la movilidad, tanto de carga como de pasajeros, merece continuar afincándose sobre fórmulas de trabajo mucho más eficientes en lo referido a la calidad y prestación del servicio, y apostando por la rentabilidad, en la medida de lo posible. Y no porque se hable de una leve mejoría, hemos de tocar el extremo de la complacencia o el mal criterio de que “andamos dándonos desde ya cepillo en el oído, o jabón en el ombligo”.
Si bien por un lado se supo de evoluciones, también se refirió el comportamiento de los servicios sociales en niveles similares a los de 2012, lo cual expresa que ha de continuarse acompañando el cambio con la voluntad del trabajo, la permanencia, la crítica a las autocomplacencias y los dogmas.
Cuba se transforma, y esa conversión tiene arraigos más allá de la letra y el verbo, más allá del número y la economía que ansía mejoras. El cambio es también de mentalidad, el cambio es también de tiempo.

Tomado de Miradas Encontradas

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