La pasión de #Federico García Lorca por #Cuba

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Por La Habanera

El gran poeta y dramaturgo Federico García Lorca, nacido un día como hoy, 5 de junio, pero de 1898, sintió una verdadera pasión por Cuba. Precisamente, uno de los episodios aún misteriosos y cautivadores en la vida del poeta es su viaje a Cuba. Lorca llegó a La Habana el 7 de marzo de1930 donde permanecería tres meses, hasta el 13 de junio, en una estancia que le dejaría una huella imborrable.

lorca Federico_Garcia_Lorca_ToledoEl responsable de este viaje de Lorca a la Isla fue el escritor, antropólogo y jurista cubano Fernando Ortiz (1881-1969), a quien conoció en un viaje a Nueva York en junio de 1929. Ortiz, quien ejercía como director y promotor de la Institución Hispano-cubana de Cultura, un ente dedicado a incrementar las relaciones culturales entre Cuba y España, invitó al granadino  para que diera una serie de conferencias en Cuba.

 Aunque nunca había estado en Cuba, Federico García Lorca ya había respirado en su infancia el olor de la isla a través de las vistosas cajas de puros habanos que su padre recibía desde allí; también estaba familiarizado con los ritmos contagiosos de la música cubana, que conocía gracias a los viejos discos de pizarra que había en casa. Además, contaba con la amistad de importantes intelectuales cubanos. Es el caso de José María Chacón y Calvo (1892-1969), escritor, editor e investigador, que llegó a España en 1918 para desempeñar funciones diplomáticas. En 1922 se conocerán en plena Semana Santa de Sevilla (junto a Federico también estaba Manuel de Falla: pocos meses faltaban para la celebración del Concurso de Cante Jondo en la plaza de los Aljibes de la Alhambra). A partir de ese momento se irá consolidando entre ambos una sólida amistad.

En la casa madrileña de Chacón, el poeta granadino conocerá a Lydia Cabrera (1899-1991), investigadora y escritora, estudiosa del folclore cubano, con la que entabló una profunda amistad. Se dice que ella fue quien facilitó el encuentro personal entre García Lorca y la gran actriz catalana Margarita Xirgu, encuentro que a la larga sería trascendental en la posterior trayectoria de ambos.  Como señal de agradecimiento, el poeta dedicaría a “Lydia Cabrera y a su negrita4” su romance La casada infiel, perteneciente al Romancero Gitano.

lorca lorcaycuba_clip_image036Federico García Lorca no era un personaje desconocido en la mayor de las Antillas; ya en 1926  la Revista Social de La Habana había publicado sus versos junto a los de Rafael Alberti. Significativa es la carta que le escribió el 14 de septiembre de 1929 su amigo personal Francisco Campos Aravaca5, cónsul de España en Cienfuegos, invitándole a visitar la isla y a impartir una conferencia en esa ciudad, prometiéndole organizar allí algo que resultara “famoso”. ¿Y que decir de la misiva del 19 del mismo mes escrita por el escritor y periodista Francisco Ichaso: “Te invito a que vengas, pues como te decía en una postal (…) en tus dominios poéticos no se pone el sol, y eres aquí tan conocido como en la Puerta Real, y desde luego tan admirado”.

La idea del viaje a Cuba, presente desde hace tiempo, se concretará por fin gracias a la invitación de la Institución dirigida por Fernando Ortiz. Un par de años antes, el 29 de enero de 1928, Fernando de los Ríos, famoso político e intelectual español amigo de Federico García Lorca, había abierto el camino actuando como conferenciante6en dicha entidad.images (3)

El 4 de marzo de 1930 el poeta tomará en Nueva York un tren que lo conducirá a la península de la Florida y, desde la ciudad de Tampa, embarcará en un vapor norteamericano con premonitorio nombre, “Cuba”, que atracará en La Habana el 7 de marzo. Federico no se imagina que va a permanecer en la isla nada menos tres meses (hasta el 13 de junio), y que esa estancia, tan prolongada para lo previsto, le va a dejar una huella imborrable.

La llegada de Federico a la capital cubana supondrá un reencuentro con… la luz, con la alegría de Andalucía, pero también el descubrimiento de una cultura “mulata”, mezcla de la española y la africana, en la que el sincretismo está a la orden del día (Fernando Ortiz acuñó el término “transculturación” para definir este fenómeno). Se cuenta que el poeta se emocionó al ver el Castillo del Morro y exclamó: “Pero, ¿qué es esto? ¿Otra vez España? ¿Otra vez la Andalucía mundial? Es el amarillo de Cádiz con un grado más, el rosa de Sevilla tirando a carmín y el verde de Granada con una leve fosforescencia de pez”.

Días y noches habaneras 

Instalado en el hotel La Unión, donde se hospedaban todos los invitados por la Institución Hispano-cubana, las primeras semanas del poeta en dicha ciudad fueron de una frenética actividad como conferenciante. Como quiera que García Lorca ya disfrutaba de una cierta fama en la América hispana (su Romancero Gitano era muy conocido), ni que decir tiene que dichas conferencias, que se celebraron en el Teatro Principal de la Comedia, tuvieron una repercusión extraordinaria y deleitaron al público habanero.

La primera conferencia se tituló Mecánica de la Poesía y fue impartida por el escritor granadino el domingo 9 de marzo de 1930. Tres días después, tuvo lugar su segunda conferencia Paraíso cerrado para muchos. Jardines abiertos para pocos: Pedro Soto de Rojas. Un poeta gongorino del siglo XVII. El día 16 de marzo, García Lorca ofreció su tercera ponencia, Las nanas infantiles, en la que además mostró sus dotes de pianista junto a la joven cantante española María Tubau, que interpretó las canciones. El miércoles 19, a las cinco y media de la tarde, se celebró la cuarta conferencia habanera: La imagen poética de don Luis de Góngora. El 6 de abril tuvo lugar la última disertación del granadino, que pronunció Arquitectura del Cante Jondo en medio de una gran expectación.

lorca With Havana Yacht Club 1930La adaptación del poeta al ambiente habanero, a la idiosincrasia de esta gran ciudad, fue muy rápida. En una carta fechada el 5 de abril de 1930, el poeta, entusiasmado, les decía a sus padres: “Esta isla es un paraíso… Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”. Abundando en lo anterior, el periodista e historiador cubano Emilio Roig de Leuchsering afirmaba: “En un mes desde su llegada, conoce y sabe más cosas cubanas que muchos de sus amigos y nos puede servir perfectamente de cicerone y descubrirnos lugares y tipos netamente criollos, para nosotros desconocidos”.

El 2 de junio de 1998, con motivo del Centenario del nacimiento de Federico García Lorca, el Correo de Cuba emitió un sello de 75 centavos (4269) que reproducía el rostro del poeta junto a su famosa frase antes citada:

lorcahabanamontaje02 (1) “…Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”. El diseño del matasellos de primer día plasmaba un dibujo de García Lorca llamado “Viñeta”. El sobre oficial empleado por la Administración postal reproducía otro dibujo del poeta: “Marinero”.

Los días y noches  habaneras de Lorca fueron intensos. Allí disfrutó en la Plaza de la Catedral viendo a los vendedores ambulantes y escuchando sus pregones; se perdió entre sus bares y locales nocturnos donde, quizá, su sexualidad reprimida se desbordó. García Lorca, se convirtió en un asiduo espectador del llamado “género alhambresco”, así conocido por representarse en el Teatro Alhambra.

Federico también frecuentó los círculos intelectuales habaneros. Nada más llegar a la capital cubana, se dirigió al domicilio de Antonio Quevedo y María Muñoz para hacerles llegar varias cartas escritas por amigos españoles; entre ellas, una misiva de Manuel de Falla para María Muñoz, antigua alumna suya. En ese escrito, el músico gaditano decía de Federico: “Es digno de cuantas atenciones se tengan con él. Quisiera que vieran ustedes en Federico como una prolongación de mi persona”. María y su esposo Antonio Quevedo, un matrimonio plenamente comprometido con la música, ejercieron de magníficos anfitriones del poeta y muy rápidamente lo introdujeron en el ambiente intelectual de La Habana. Así, a los tres días de su llegada a Cuba asistieron a un concierto del gran músico ruso Sergei Prokofiev, que actuaba en la capital por invitación de la Sociedad Pro Arte Musical. El compositor eslavo iba acompañado de su esposa, la cantante española Lina Lluvera. Concluida la representación, García Lorca acudió, entusiasmado, al hotel donde se hospedaban para saludarles.

Dulce María Loynaz. Foto:Juvenal Balán, 18-4-91. Loyn0007Si importante fue la relación del poeta con Antonio Quevedo y María Muñoz, no le fueron a la zaga las vivencias que García Lorca compartió con la familia Loynaz. Carlos Manuel, Dulce María, Enrique y Flor eran los hijos de Enrique Loynaz del Castillo, un importante general de la Guerra de la Independencia que había compuesto en 1895 las estrofas del Himno Invasor. Los cuatro hermanos eran poetas y habitaban en una gran mansión en el señorial barrio de El Vedado.

Federico, atraído por los versos de Enrique, de quien conocía algunos poemas publicados en España, se presentó un buen día en la casa de los Loynaz y pronto se convirtió en un visitante asiduo. El poeta granadino cayó rendido a la atmósfera casi onírica que se respiraba en esa mansión, “mi casa encantada” como le gustaba llamarla: allí leía fragmentos de sus obras, cantaba y tocaba el piano. Y así, poco a poco se fue cimentando una fuerte amistad, especialmente con Flor14y Carlos Manuel, con quienes disfrutó de interminables veladas en La Habana, recorriendo sus calles, recitando poemas…

Dulce María Loynaz (1903-1997), ganadora del premio Cervantes de Literatura en 1992.

Visitas a ciudades y lugares hermosos de Cuba

Lorca conoció gran parte de la Isla de Cuba, cuyos parajes no dejó de asociar a los de España.  Estuvo en Matanzas (la “Atenas de Cuba”) y contempló el Valle del Yumurí. Quedó impresionado por la playa de Varadero (confesó no haber visto playa más bella) y recordó la playa del mismo nombre en Motril; fue a Pinar del Río y visitó el Valle de Viñales, con sus famosos “Mogotes”, asociando los pinares pinareños con los de Guadarrama. El 19 de abril de 1930, visitó Santiago de las Vegas que le recordó su Fuente vaqueros natal.    

Con el pretexto de sus conferencias, Lorca visitó también  Sagua la Grande y Caibarién. Pero fue la perla del sur, Cienfuegos, la única ciudad que García Lorca visitó en dos ocasiones: el 8 abril y el 5 junio de 1930, día este último en que cumplía 32 años.

El viaje de Lorca a la cuna del Son: Santiago de Cuba

He aquí uno de los grandes enigmas de la estancia de Federico García Lorca en Cuba: ¿Fue o no a Santiago de Cuba? Incluso amigos como Antonio Quevedo siempre negaron este extremo. Sin embargo, testimonios posteriores como el de Flor Loynaz  han arrojado algo de luz sobre este tema confirmando que el poeta sí visitó Santiago de Cuba: “Un día se nos desapareció Federico, no vino a vernos a las tres de la tarde ni a la hora de comer, por lo que temiendo que estuviera enfermo o le hubiera sucedido algo, nos llegamos a su hotel para que nos informaran. Nos dijeron que se había ido a Santiago de Cuba”.

Efectivamente, García Lorca llegó un 1 de junio de 1930 a su añorada Santiago a bordo del Tren Central. En la estación del ferrocarril le esperaba Max Henríquez Ureña, historiador y periodista de origen dominicano, presidente de la sucursal de la Institución Hispano-cubana en Santiago de Cuba. El poeta se hospedó en el hotel Venus, el mejor de la localidad.

En los salones de la Escuela Normal de Maestros, el escritor impartió su única conferencia en dicha ciudad, La mecánica de la nueva poesía. Si La Habana le recordaba a Cádiz, Santiago de Cuba, en cambio, le evocaba a su querida Granada por sus montañas y por el verdor de sus patios. 

 Cuando la visitó, Santiago de Cuba ya era la segunda ciudad más importante del país. Cuna de la emancipación cubana, considerada como la localidad más típicamente caribeña del país, y  lugar donde germinó el son, uno de los ritmos musicales más genuinamente cubanos, el cual conocería por primera vez en las llamadas “fritas” de Marianao,  localidad costera muy cercana a La Habana, adonde acudía con frecuencia, sobre todo a escuchar atreviéndose incluso a tocar las claves y a acompañar a los músicos con su voz.

Era tanta la afición de Federico por los ritmos cubanos que se llevó de vuelta para España un buen número de discos de pizarra. Según Adolfo Salazar: “Federico y yo llevamos en el Manuel Arnús los primeros sones que en Granada y en Madrid golpearon sus claves y rechinaron sus güiros…”.

 De la mano de Lydia Cabrera, gran estudiosa de la herencia africana en Cuba, el poeta  asistió a una ceremonia de iniciación ñáñiga.

Poesía en Cuba

Existen muchas elucubraciones acerca de las obras que Federico García Lorca alumbró durante su corta pero intensa estancia en Cuba. De entre las posibles candidatas, Así que pasen cinco años y, sobre todo, la enigmática El Público son las más sospechosas de haberse gestado en la isla caribeña. De ésta última existen testimonios coincidentes de Adolfo Salazar y de los hermanos Loynaz (el poeta obsequió a Carlos Manuel Loynaz con un manuscrito que desapareció, posiblemente tras haber sido destruido por éste en un episodio de desorden mental), así como la única copia que se conoce, escrita parcialmente en hojas timbradas del hotel La Unión y fechada el 22 de agosto de 1930, apenas mes y medio después de la partida del poeta.

 El único texto de García Lorca que sin discusión se reconoce como escrito en Cuba es el poema Son de negros en Cuba, originalmente titulado Son, que es un canto a la emblemática capital del Oriente cubano y a su ritmo típico, que dedicó a Fernando Ortiz, el gran investigador del folclore afrocubano,  conocido como el “Tercer Descubridor de Cuba”, y cuya invitación a visitar la Isla le había permitido su pasión por Cuba.

 Son de negros en Cubalorcahabanamontaje02

 

Con información del artículo “García Lorca y Cuba: historia de una pasión” de Luis Morillo Vilches, de la SFNG.

 

 

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